Las horas muertas

Categoría: Blog paralelo, Relatos — EFEjota 29 Enero, 2007 @ 5:59 pm

( … 21:57 … )

Se arrodilló junto a la losa, pesada y fría (que son adjetivos de losa). Los pies pequeños y descalzos, el vestido blanco de incógnito. El pelo suelto, desmadejado por un viento racheado que le hizo sentir por un momento feliz. Es maravilloso cuando por casualidad, el clima enfatiza tus sentimientos. Sobre la tumba flotaban aún las lágrimas, los rezos, los “tan joven”, “la vida es así”, “¿quién lo habría pensado?” y hasta algún susurrado “fíjate, faltaban dos minutos y el árbitro señaló penalti”.

( … 21:58 … )

Las sombras ya eran alargadas hacía tiempo, y por momentos se empezaban a diluir en el azul oscuro de la primera noche. No había nadie cerca, ningún sonido salvo el ruido de las hojas de los cipreses. Ese silencio es el que necesitaba. Por buscarlo había planeado todo a estas horas en las que ningún vivo querría encontrarse en el territorio de los muertos.

( … 21:59 … )

Un par de tumbas más allá un gato atigrado bostezaba sobre la piedra de granito de otra sepultura.

( … 22:00 … )

Aguzó el oído cuando creyó escuchar el sonido. En un momento en que el viento hizo una pausa, identificó perfectamente el insistente pitido de la alarma del reloj. El último mensaje, un último momento de comunicación con ese cuerpo frío que yacía a dos metros bajo tierra, vivo otra vez durante la fracción de segundo que iba entre que su mente reconociese el sonido y que recordase que ella misma había programado la alarma para esta hora.

( … 22:01 … )

Se levantó con prisa, con decisión y el vestido blanco manchado de tierra. Mientras sorteaba las cruces hacia la puerta trasera del cementerio, se preguntó cuántos meses seguirían las manecillas girando en torno a la muñeca cada vez más delgada. Cuánto la alarma sonando cada noche a las diez. El gato aovillándose con pereza infinita, se preguntaba hasta cuándo tendría que soportar ese agudo, molesto pitido.

Nota del A.: entrada sintonizada con Té con leche > Duda

5 Comentarios »

  1. Comentario de lene — 29 Enero, 2007 @ 6:15 pm |Citar

    O_O
    es terrible, qué angustia saber que ahí abajo sigue pasando el tiempo.

    Qué bien esta entrada relacionada con Té con leche, es algo así como si desde mi blog hubiera salido la comitiva del entierro y en el tuyo estuviera ese cementerio de cuadro prerrafaelista con su dama de blanco y ¡¡su gato atigrado!! XDD ¿van a aparecer siempre gatos en tus historias? ¿se conocen el gato color aceituna y el gato atigrado?
    :)

    Precioso texto, pero qué macabro.

  2. Comentario de EFEjota — 29 Enero, 2007 @ 6:48 pm |Citar

    creo que después del trabajo color-aceituna y atigrado quedan en el callejón a compartir unas raspas. Aceituna le cuenta lo que ha encontrado detrás de las puertas traseras, y atigrado le pone al día de las necrológicas.

    Ale, ahora deberías tú pintar ese cuadro (o Aro con un lápiz de mina blanda, que también tiene una mano con toque)

  3. Comentario de arodriguezf — 30 Enero, 2007 @ 12:15 am |Citar

    Eres el number uan contando historias.

    Pero me queda una duda, color-aceituna… ¿verde o negra?…

  4. Comentario de EFEjota — 30 Enero, 2007 @ 12:48 am |Citar

    verde, verde

    edito: Me había metido ya en la cama y llevaba un par de párrafos leídos de mi libro deantesdedormir cuando se me ha cruzado por la mente que esto quizá necesite una precisión más. Así que antes de que preguntes, preciso:

    verde, y con hueso.

  5. Comentario de Ripio — 30 Enero, 2007 @ 5:28 am |Citar

    clap clap clap!
    espeluznante.

RSS feed para los comentarios de esta entrada. TrackBack URI

Deja tu comentario

Puedes usar estas etiquetas: <a href="" title=""> <abbr title=""> <acronym title=""> <b> <blockquote cite=""> <cite> <code> <del datetime=""> <em> <i> <q cite=""> <strike> <strong>

Citar texto seleccionado