Diario de un bosón
7 de Julio de 2007
Soy un Bosón de Higgs.
O asà es como me llaman desde que aquel hombre, Peter Higgs, llegó un dÃa de 1964 al laboratorio diciendo que me habÃa “supuesto”. Creen que es debido a mi existencia el que las partÃculas elementales tengan masa. Pobres criaturas, no saben ni de lo que hablan, no saben ni lo que es la masa. Hoy he consultado una de sus enciclopedias virtuales y decÃan que la masa era algo para hacer pan y magdalenas. Siempre pensé que el Doctor Higgs era uno de sus importantes sabios, pero al parecer es solamente un cocinero.
He decidido empezar este diario para intentar ordenar mis pensamientos y ver si asà logro encontrar algo de sentido a este mundo absurdo. A veces envidio a los planetas, a veces me gustarÃa vivir bajo la ley de gravitación universal. Con ella uno sabe siempre lo que hacer simplemente con conocer tu masa y la distancia que te separa de los demás. Pero aquÃ, en la cuántica, uno nunca sabe a qué atenerse. Una cosa es cierta: si eres una partÃcula subatómica, nunca te aburrirás.
15 de Agosto de 2007
Hoy he tenido un dÃa algo movidito. Han hecho un experimento lanzando dos electrones a gran velocidad por el acelerador de partÃculas. Dieron unos tres millones de vueltas en el anillo del acelerador hasta que acabaron chocando. Los doctores se empeñan en hacer cosas como esta muy a menudo. Ya estamos acostumbrados y hasta tenemos protocolos de actuación. En cuanto se produce el choque y nos vemos liberados, todos tenemos que correr a refugiarnos en el primer átomo que veamos. Asà perdà a mi primera novia, una partÃcula alfa con un espÃn muy sexy que se metió en el protón de un átomo de Manganeso. Yo me refugié en uno de Wolframio. No la volvà a ver.
Me voy por las ramas. Nuestros electrones chocaron y ¡ZAS! volamos por todas partes… Enseguida vi pasar un átomo de Hidrógeno y corrà hacia el a toda prisa, porque estos átomos son los más pequeños y se llenan enseguida. Pero de repente và por la ventanilla del acelerador al técnico de mantenimiento. Estaba haciendo algo raro con un terminal que me despertó la curiosidad y me acerqué a echar un vistazo. Sali fuera del acelerador pasando con cuidado por los espacios interatómicos de las paredes y me acerqué por su espalda. Estaba urgando en una placa de circuitos alumbrándose con una linterna (siempre que hacen un choque en el acelerador se les funde algún que otro sistema) y no sé si me oyo o fué puro azar, pero se dió la vuelta y dirigió el haz de la linterna justo hacia donde yo estaba. En una millonésima de segundo varios millones de fotones se abalanzaron sobre mà con esa cara de éxtasis que llevan siempre. Creo que no me han hecho tantos moratones en mi vida.
Nunca comprenderé a los fotones. Son los más rápidos que se conocen pero van siempre sin fijarse hacia donde se dirigen, como idos. Siempre hacia adelante, chocan con algún átomo y cambian de dirección hasta chocar con algún otro. Dicen que son unos iluminados, pero yo pienso que van todo el dÃa colocados.
29 de Noviembre de 1323
He notado que las fechas de mi diario han estado saltando aleatoriamente atrás y alante en el tiempo. No es nada extraño en el mundo cuántico en el que vivo, y ya deberia estar acostumbrado, despues de dos billones de años. Pero aún a veces me sorprenden las rarezas de este lugar.
7 de Noviembre de 1977
Definitivamente no soporto a los muones. Me tienen podrido con esos aires de superioridad, y todo porque viajan en los rayos cósmicos. ¿y quién quiere mover el culo a velocidades cercanas a la de la luz? De qué sirve ir tan rápido si no puedes ni ver el paisaje. Seguro que esos cabeza hueca atravesarÃan la Nebulosa de Orion sin hacer siquiera una foto.
Hoy uno de esos estúpidos ha chocado con mi electrón. Estaba acabando una partida de poker con un grupo de quarks a los que estaba desplumando. No habÃa tenido nunca una racha tan buena, y no es solo porque tuviese 12 ases y 14 comodines escondidos bajo el asiento. Y entonces llegó ese descerebrado muón. No le vimos venir, lo reventó todo y los quarks aprobecharon la confusión para recoger el dinero que les habÃa ganado y largarse.
1 de junio de 1987
Ayer el Doctor Walter estuvo a punto de cazarme. HabÃan hecho la habitual maniobra de choque en el acelerador otra vez. Que tu electrón salte por los aires tiene algo de emocionante, pero a veces la colisión da un dolor de cabeza que no se va en varios dÃas. Desde hace algún tiempo algunas partÃculas han estado probando cascos en los choques, pero a mi sinceramente, me parece que tienen una pinta ridÃcula. Si uno de los doctores les descubre con esa pinta… a mi me darÃa mucha vergüenza.
Pero en el choque de ayer las cosas se complicaron. A un leptón muy joven y sin experiencia le entró el pánico y se me agarró como un poseÃdo. En ese momento el doctor Walter creyó vernos y se acercó para investigar más de cerca. A toda prisa me escondà detrás de la taza de té del doctor, pero llevaba agarrado al estúpido Leptón que no paraba de gritar, temblar y girar sobre su eje a una velocidad de setecientas mil revoluciones por segundo. No he visto nunca a una partÃcula tan fuera de sÃ. Estaba claro que si el Leptón seguÃa asÃ, el doctor acabarÃa por descubrirnos. De repente vi pasar sobre nosotros un átomo de Tungsteno ionizado con un protón medio vacio. Sin pensarlo dos veces agarré al Leptón y lo lancé contra el protón incrustándolo entre dos hadrones que aún se estarán preguntando de dónde les vino ese incómodo vecino.
He telefoneado a Gilda para contárselo y me ha dicho que no comprende por qué me empeño en vivir cerca del acelerador. Yo tampoco lo comprendo, será algún afán autodestructivo o simplemente que me va la vida al lÃmite.
28 de Febrero de 2008
Esto es intolerable. Estoy pensando en cambiar de Galaxia, y lo lamento de veras, porque le he cogido cariño al barrio, y las vistas al acelerador le daba un aire sofisticado a las ventanas del dormitorio. Pero hay ciertas cosas que uno no tiene porqué aguantar.
Desde hace unos meses han estado experimentando con la teletransportación de partÃculas subatómicas. Están realmente admirados de que podamos saltar en tiempo cero de un lugar a otro. Yo sinceramente, no veo a qué tanto alboroto con algo que se ha hecho asà desde que el mundo es mundo, pero los doctores son a veces criaturas desconcertantes. A veces pasan meses contemplando embobados un fotón y de repente empiezan a gritarse unos a otros: “¡cerraron el grifo chicos!” y ya no vuelven a tocar el asunto. De todas formas nunca van a conseguir que un iluminado les diga nada. Es empeño vano.
Pero una cosa es transportarse uno porque quiere, cosa que aun asà no resulta en absoluto agradable, y otra es que estes tan tranquilo viendo una pelÃcula y… ¡FLOP! te veas de repente en medio del Serengeti rodeado de ñues y con ese mareo de estómago que dejan siempre los saltos en el espacio.
Yo no sé si lo hacen a posta o es por pura casualidad, pero siempre me transportan en el momento más inoportuno. Ya podÃan hacerlo cuando te traen la cuente en un restaurante, o cuando le toca a uno bajar la basura a la calle. Pero no, siempre en el momento más inconveniente. Hace unos dÃas conocà a una antipartÃcula de materia oscura. No podÃa creer en mi suerte, la chica era espectacular y a esta gente no se la suele encontrar uno muy a menudo. Dicen que no se les llama antiparticulas por casualidad, pero yo estaba dispuesto a arriesgarme para averiguar cómo de oscura podÃa llegar a ser. Le conté un par de chistes malos y le invité a un trago. No habÃa ella acabado de decir “en tu casa o en la mÃa” cuando… ¡FLOP! “en tu casa por supuesto” le estaba diciendo yo a un fermión seboso a los pies del Kilimanjaro.
Algunas veces pienso que es un experimento psicológico de los doctores. Intentan tocarme las narices para ver hasta dónde puedo aguantar. Si no, no me explico por qué me hacen esto.
43 de Otsoga de 0000
El cuántico es a veces un lugar extraño
15 de Abril de 2008
Hoy me he estado acordando mucho de los Fermiones. Gilda y yo hemos estado hablando y riéndonos de lo lindo a su costa. No deberÃamos hacerlo, claro, pero con estos tipos es difÃcil resistirse.
Los fermiones son incapaces de dejar de cumplir el Principio de exclusión, es decir, que dos fermiones no pueden ocupar a la vez el mismo estado cuántico. ¿Y eso qué quiere decir? ¡Yo que sé! Que uno sea una partÃcula elemental no quiere decir que comprenda lo más mÃnimo todo este galimatÃas de la cuántica. Simplemente, vives con ello. Lo que sà sé es que si te acercas mucho a un fermión sin que se dé cuenta y te pones en su mismo estado cuántico, se aterrorizan y ponen las muecas más grotescas y cómicas que he visto en mi vida.
Es un pasatiempo común alterar a los fermiones con estos juegos. Después de reirnos un rato, a Gilda le han entrado remordimientos y me ha dicho muy seria que no deberÃa hacer esas cosas. SÃ, puede que sea un poco cruel, pero hay tan pocas diversiones genuinas por aquÃ… Además, no deberÃan tomarse tan a la tremenda los estados cuánticos. Qué culpa tengo de que sean unos hipocondrÃacos.
30 de Julio de 2007
He hablado con Gilda y le he estado contando lo de hoy en el trabajo. Me encanta cuando consigo que se rÃa, aunque sea desde tan lejos. A ver si un dÃa de estos me paso a visitarla, hace una eternidad que no nos vemos y después de todo solo está a cuatro mil años luz de aquÃ.
Como le he contado a ella, estábamos un grupo en el acelerador tomándole el pelo a los doctores. Nos habÃan lanzado en dos electrones como siempre, con la esperanza de que chocásemos y se reventasen los electrones para poder estudiarnos por separado. Pero esta vez nos pusimos de acuerdo y cada vez que los electrones se cruzaban en el pasadizo anular del acelerador, nos colocábamos todos en el mismo lado del electrón para desviarlo un poco de su rumbo y evitar la colisión. Llevábamos ya cinco horas girando en el acelerador y nos lo estábamos pasando pipa. Los doctores estaban de los nervios sin comprender por qué hoy tardaba tanto en ocurrir la colisión, y el doctor Walter a esas alturas se empezaba a arrancar los pelos a puñados. Gilda me ha contado que no es de extrañar, que al parecer cada segundo de funcionamiento del acelerador les cuesta una fortuna en energÃa, pero después de tantas colisiones a alta velocidad creo que tenemos derecho a un poco de diversión, digo yo.
Llegado un momento, nos empezó a aburrir la maniobra y comenzamos a hacer variaciones. Unas veces corriamos todos por el ecuador del electrón a la vez provocando un desplazamiento ondulatorio de este. Otras, nos apretujábamos todos en un punto y dábamos saltos al unÃsono provocando desplazamientos rÃtmicos en él. Y otras muchas cosas más, ha sido muy divertido. Después de estas travesuras, los doctores estaban boquiabiertos por los “extraños comportamientos en la trayectoria” de nuestro electrón. Piensan que han descubierto algo muy singular. Pues sÃ, digo yo: que las partÃculas también nos merecemos un dÃa de relax. Asà que al final todos contentos. Nosotros nos hemos divertido y ellos tienen sus “datos nunca antes observados”.
22 de Julio de 2007
Hoy estoy muy frustrado.
Estaba esperando en la estación para coger un rayo cósmico hacia la estrella BK-5291, en las Perseidas, para ir a visitar a un buen amigo que me ha invitado a pasar unos dÃas en su nueva casa. Hace poco consiguió un trabajo en un laboratorio de estudios avanzados y se ha hecho un chalet todo él de materia oscura. Me parece un poco opulento, pero el es asÃ, impulsivo, y con ese trabajo se lo puede permitir. Es un trabajo peligroso, hay que decirlo. La especie que ha construido el laboratorio aún no está muy avanzada y en cualquier descuido pueden colapsar su estrella en un agujero negro que se trague todo en veinte unidades astronómicas a la redonda. Todo: planetas, satélites, y hasta partÃculas elementales. No me ha pasado nunca, pero verte atrapado en un agujero negro no debe ser muy agradable. La gravedad es tan alta que llegar hasta la nevera para servirte una copa de vino tinto supone trescientos años de duro esfuerzo. No puede salir ninguna señal, por lo que no puedes telefonear a nadie, y el espacio tiempo se abomba tanto que si te descuidas puedes encontrarte a ti mismo un millón de años más joven. Lo único que puedes hacer es esperar pacientemente unos tres trillones de años hasta que se forme por casualidad un agujero de gusano que te permita salir de allÃ.
Bueno, pero no nos pongamos melodramáticos, no tiene por qué pasar, y a mi desde luego no, porque cuando por fin llegó mi turno de subir al rayo cósmico de las Perseidas apareció un grupo de Boy Scauts muones, lo menos treinta de ellos y ocuparon todas las plazas libres. Los muones siempre tienen prioridad en los rayos cósmicos. Y yo no tendré más dÃas libres para ir a las Perseidas, me tendré que conformar con las fotos.
8 de Agosto de 2007
Se ha corrido el rumor de que han visto taquiones en los alrededores. La gente está muy alterada, y no es para menos. Si un taquión choca contigo te puedes dar por frito y ni siquiera te enterarás. Los taquiones van a más velocidad incluso que la de la luz, lo que ha decir verdad, es teóricamente imposible. Por eso algunos listillos que han tenido la suerte de no encontrarse nunca con ellos, dicen que lo de los taquiones es un cuento de brujas para asustar a los leptones más jóvenes. Pero el caso es que, como las meigas, existir no existen, pero haberlos, haylos. Lo del imposible en un mundo cuántico ya se sabe que es solo una forma de hablar.
Lo que pasa es que aparecen tan de vez en cuando que siempre la gente se olvida y luego cuando de repente llega una lluvia de taquiones, cunde el pánico. De todas formas la probabilidad de que una partÃcula infinitesimal como un taquión choque con otra igualmente diminuta, es Ãnfima. Pero alguna vez ocurre, y al que le toca…
Nadie ha hablado nunca con un taquión, van tan rápido que más que verles, se les siente. Supongo que para ellos tampoco será agradable chocarse con alguien, si pudiésemos comunicarnos seguramente podrÃamos solucionar esta desagradable situación, yo que sé, habilitar caminos exclusivos para ellos por donde no vaya nadie más o algo asÃ.
Por si acaso hoy no salgo de casa.
