Frontera

de profundis
(fotograma de De Profundis)

La gente de tierra mira hacia el mar y dice “mira, la línea del horizonte”.
Los marineros miran a lo lejos y dicen, “mira la línea del horizonte. Amenaza tormenta”

Qué sabrán ellos.

Qué sabrán ellos que no sepa el ahogado. Cuando el marinero se convierte en ahogado comprende rápidamente que ha vivido en el engaño, que no existe esa línea, nunca ha existido. Solo el plano oscilante de la superficie, el límite, la frontera entre el aire y el agua, la vida y el vientre de la ballena.

Cuando llegas a esa frontera, la cabeza al aire y el cuerpo en el agua, el límite es preciso y la lucha por situarse a uno u otro lado imperiosa. El trámite de aduanas es largo, es agonía. Es vértigo. El vértigo de la caída hacia abajo, de la línea vertical que se ha de recorrer a plomo cuando los pulmones acaben por llenarse de agua, cuando Newton acabe por vencer a Arquímedes.

Solo entonces, en el último momento que no es de claridad como se dice, sino de máxima confusión, descubre el ahogado que no hay agua, sino otro aire. Que no hay peces, sino otras aves. Que la lastima no es ahogarse, sino no haber aprendido a respirar otro tipo de atmósfera.

(inspirado en de Profundis de Miguelanxo Prado)

Facto Delafé y Las Flores Azules


“Mar el poder del mar”

Me ha encantado la canción y me ha encantado el video.

Un continuo increscendo instrumental junto a la monotonía de la voz mezcladas en el camino lineal hacia adelante, siempre hacia adelante.

Facto Delafé y Las Flores Azules es un proyecto barcelonés (no sé si hablar de grupo tiene sentido aquí) que llevan al parecer algunos años dando guerra pero es ahora cuando empiezan a cosechar éxitos mas allá de su ciudad. Su sonido es genuino, aunque he de reconocer que después de esta, todas me suenan igual, todas con esa voz rítmica pero que no altera el tono, así que no creo que me aficione a esta gente. Pero me quedo con esta canción que ya es algo (ya es mucho)

El video me parece genial en su sencillez, o precisamente por ella. La guapísima Helena Miquel con una voz de terciopelo y profundo azul marino, da paso a Delafé, que despliega un arsenal gestual a trote de rueda brillante. Surrealismo de molinillo y pavo real. Escenario de suburbio sin maquillar, de torres de alta tensión y vías de tren.

Eso sí, al videoclip le sobran los diez últimos segundos. Debería haber acabado mirando al cielo. ¿a qué viene esa payasada final? ¡vaya forma de cagarla!

Esto no se para. Esto no se para. Esto no se para. Esto no se para. Esto no se para. Esto no se para. Esto no se para. Esto no se para. Esto no se para. Esto no se para. Esto no se para. Esto no se para. Esto no se para. Esto no se para. Esto no se para. Esto no se para.

Asunto substancial

En otro orden de cosas el subsecretario de la subsección segunda del organismo subsidiario para la lucha contra la sublevación en submarinos, ha dado en fechas recientes un sublime mitin en el que, subliminalmente, se avisaba de las repercusiones que la atrofia submaxilar en los suboficiales de navio pueden llegar a tener sobre los motores de propulsión subacuatica. Si bien se ha querido subrayar que la posición del gobierno subsahariano se vería penosamente menoscabada de cara a sus súbditos, no ha pasado por alto a la comunidad internacional el modo en que subrepticiamente se ha introducido la cuestión en el orden del día. “¡Nos toma por subnormales!” exclamaba el presidente del subcomité momentos antes de subrogar a la subcontrata encargada del catering. Por fortuna al final se pudo subsanar la cuestión y subsiguientemente el enfrentamiento fue evitado. A día de hoy, de subsistir algún conato de rebelión sería fácilmente soslayable mediante la substitución del siguiente eslabón en la cadena de mando, sin olvidar las substanciosas recompensas para quien delate maniobras subversivas. No hace mucho que se hallaron importantes documentos en el subsuelo de la cámara de juntas, en cuyos subterráneos quiso el comité esconder los papeles incriminatorios, cosa que habrían logrado de no toparse con las vías del suburbano que une el centro con los suburbios. Cuando fue acusado de ocultación, el capitán (por añadidura subcampeón de danza submarina) quiso evadir sus responsabilidades con el argumento de que le habían controlado el subconsciente mediante una inyección subcutánea. No tardó el subdelegado en subestimar estas declaraciones desviando la conversación al mal estado del subfusil del cabo segundo. Queda por tanto demostrado que el responsable subsidiario, toda vez que el subinspector resultó ser un subjetivista redomado, no era otro que el subprefecto, que es después de todo un subproducto de la jerarquía.

Peligro: Fotones

Aviso urgente:

Recientes estudios advierten de que sacar fotografías desgasta la materialidad de lo fotografiado. En cada toma millones de fotones inciden sobre la superficie de los objetos y/o/u/aeae personas erosionando las moléculas epiteliales. Debido a este efecto, se estima que una persona con un índice de fotogenia normal que se verá expuesto a lo largo de su vida a alrededor de medio millón de tomas, perderá entre 4 y 7 segundos de vida.

La OMS en estrecha colaboración con la ONU y la NES-QUICK ha puesto en marcha numerosos comités de crisis, simposios, y picnics al aire libre para tratar de atajar un problema que ya algunos han calificado como la pandemia del siglo 21,5. En el último comunicado conjunto de las entidades antes citadas se hizo un llamamiento a la ciudadanía a evitar en la medida de lo posible las aglomeraciones de turistas nipones, toda vez que es en sus inmediaciones donde el gradiente de desgaste epitelial se dispara hasta valores, que en palabras del presidente de BIMBO son “altamente preocupantes” (si bien nadie ha podido aclarar las competencias de esta entidad en las investigaciones, no seremos nosotros los que incurramos en el descrédito de un producto que, asociado con nocilla, ha de traer grandes satisfacciones).

Registro vital

Habitación de Hotel

( :…: enlazando con el final de la entrada anterior :…: )

Cualquier niño nacido de hace un año en adelante (en el primer mundo, claro) va a contar con un registro gráfico de su vida vastísimo. Tendrá 300 fotos de su primer mes de vida, contemplado desde todos los ángulos (esta cifra variará en función del grado de embobamiento de los padres). Cada cumpleaños, suyo, de sus padres, primos o hermanos, cada amigo de la infancia, cada viaje, cada persona que conozca… ¡Todo! tiende a quedar registrado y el uso del “clic” llega a ser compulsivo. Ahora descubrimos que lo que nos subyugaba el índice no era ni más ni menos que el bolsillo. Ahora recordar sale gratis.

El mundo de la fotografía se puede abordar desde muchos puntos de vista, y la mayoría de ellos me atraen irresistiblemente. Uno de esos enfoques, nunca mejor dicho, es el de la fotografía de la memoria autobiográfica. Desde que tengo cámara digital, he cogido la estúpida costumbre de fotografiar todas las habitaciones de hotel en las que duermo. Es completamente anecdótico recordar cómo era tal o cual habitación, pero la obsesión por la imagen perdida llega a este tipo de extremos en quienes somos de neurona frágil. Naturalmente, hay otros muchos recuerdos que no son tan vacuos y que se convierten en preciosos para nosotros. La facilidad con que el homo digital puede capturar esos momentos es envidiable.

Este es el futuro de “los digitales”. En el pasado de los analógicos (por oposición) hay muchos más huecos. Hay caras que nunca se podrán recordar, como mucho nos toparemos algún dia por casualidad con una versión más madura de aquella. Hay lugares que han desaparecido o entornos que se han trasformado. Situaciones perdidas. Y ya nunca podremos hace la foto que en su momento no tomamos.

¿pero es recordar asimilable a guardar una imagen? Hay veces que no. “Vale más una imagen que mil palabras”. No siempre, no todo es expresable visualmente. Pocos ojos detrás de una cámara son capaces de meter en la imagen toda la atmósfera no visual que la rodea. Lene a veces lo consigue, pero muchas otras veces su imagen cobra sentidos ocultos gracias a la palabra. Cualquiera capta luz con una cámara. Algunos captan sonido, sensación, temperatura, emociones.

Dicen los expertos en estas lides que antes del año 2040 una persona podrá almacenar en video toda su vida en un dispositivo del tamaño de un garbanzo. ¿Te imaginas? Grabar lo que ves a través de tus ojos para no perder nada de lo vivido. Claro, que haría falta otra vida extra para ver lo grabado. ¿Y qué se grabará cuando estés viendo un pasaje grabado? Se podrá ver y grabar un pasaje grabado en el que estás viendo y grabando un trozo grabado de tu vida. Es como un juego borgiano de espejos enfrentados e imágenes infinitas. Microsoft tiene en marcha un proyecto llamado SenseCam que persigue precisamente esto, aunque claro está, por ahora no es un garbanzo lo que ocupa la camarita que toma 2000 fotografías al día (una cada 43 segundos) y que hay que descargar periódicamente en otro soporte. ( + ) Hay una película que toma esta idea como argumento: “La memoria de los muertos”. Aunque he leido críticas lo suficientemente negativas como para verla, creo que correré el riesgo cuando tenga oportunidad.

Todo esto posiblemente se parezca más a una distopía que a un sueño alcanzado, pero ahora tiramos cien fotos donde antes hacíamos diez. El anhelo de inmortalizar está en nosotros. Y puede que sea incluso más tenaz ese deseo, el de inmortalizar, que el de inmortalidad. La memoria, aunque no se soporte en nosotros sino en la foto. Después de todo, tarde o temprano se está lo suficientemente cansado como para echarse a dormir.

Nota del A: la dirección de este blog no se hace responsable de las ideas vertidas por la dirección de este blog

La Pastura

Ayer tenía pensado hablar de Artabán, el cuarto rey mago. Sí, el cuarto, como el quinto Beattle, pero en cuarto y en rey. Como siempre, parece que hay una historia oficial y mil comadreos por las esquinas, y en esto de las fábulas lógicamente, pues mucho más. La tradición en algunos sitios ha dado cuatro reyes y en otros se contabilizan hasta doce. Pero como ayer fue un día epistolarmente intenso por varios motivos, no pude dedicarle el tiempo que pedía Artabán, que ya solo en el nombre destila misterios caleidoscópicos. Así que daré por cerrado el tema con una cita:

Los Reyes Magos no son más que Artabán, uno y trino, el más mágico de los magos. Artabán es el que nunca acaba de llegar, el que está llegando. El gozo de las vísperas. El que siempre se echa en falta. Artabán, cuando llega con su túnica de mangas verdes, a buenas horas, dice que mejor que lo echen a uno de menos que de más. Por eso acude adrede tarde a la cita de Babilonia y deja que se le adelanten los otros tres, los oficiales, los que salen en los cuadros y en los nacimientos, en los textos sagrados y en las cabalgatas. (Antonio Burgos)

“El gozo de las vísperas”. Lo más mágico del día de reyes, no es el interior de los paquetes, sino los ruidos en la oscuridad y la ilusión de la noche. La misma ilusión con que se prepara un viaje o se empieza un libro. En la víspera de un viaje están todas las promesas y ninguna de las decepciones.

Pero hoy quería hablar de La Pastura, porque hoy a las tres de la tarde, es la Pastura. Es un tradición de mi pueblo y con asombro he descubierto que es una tradición única. Al menos no he podido encontrar información sobre nada parecido en ningún otro sitio, por lo menos con ese nombre. No me interesa hablar de “la pastura” sino de “mi pastura”. Hoy será una entrada autobiográfica y ombliguista.

La cosa comienza rebuscando en el armario que hay sobre la escalera. Esta escalera de la que hablo era (ya no es) bastante curiosa, porque todas suelen tener un armario debajo, pero esta además, tenía uno encima, sobre la zona de los peldaños más bajos. Uno de esos armarios que normalmente inspira desconfianza y miedos, pero el día cinco se convertía en el armario donde, colgando de un gancho, estaba la cesta de la Pastura. La mía era una cesta cilíndrica de mimbre pintado de un pastelón azul celeste, con un ribete en el borde que alternaba blanco y negro. Mi abuela Isabel (que mira por dónde aparece ahora en la red que no llegó a conocer ni siquiera a sospechar) nos preparaba la cesta llenándola de trigo, cebada o algo por el estilo. Cuando las campanas de la Iglesia tocaban a las tres de la tarde, todos los niños del pueblo acudíamos, cada uno con su cesta llena de cebada a la iglesia donde el Cartero Real acompañado de su paje, venía para pregonar la inminente llegada de “sus majestades los Reyes Magos de Oriente”. Terminado el pregón que resonaba con ecos en las alturas de la nave de la iglesia, volvíamos corriendo a casa para hundir las manos en la cebada de dónde asombrados, desenterrábamos golosinas que la “mano invisible” del cartero real había dejado en la cesta.

Pastura para mi siempre fue un sustantivo cargado de significado propio, sin necesidad de más referentes, aunque ahora claro, veo el que es evidente: pasto. La idea original parece ser la de que los niños llevan pasto para los caballos del Cartero Real, quien en agradecimiento deja misteriosamente las chucherías en las cestas. Misteriosamente, y con manos invisibles, porque claro, siendo algo tan asombroso como “Cartero Real” de los Reyes Magos, no se puede simplemente hacer el truquito de sacarle un sugus al niño de la oreja. Hay que hacer las cosas tan a lo grande como el cargo exige. Yo sin embargo nunca capté esa finalidad en mi cesta de cebada, para mi solo era el velo necesario para que se produjese la magia, el elemento ocultador, el magma del que brotaban los misterios. Por otro lado, nunca vi a ningún caballo apacentarse con la pastura. Para dar cuenta de todas aquellas cestas que llevábamos el Cartero Real habría tenido que venir en elefante.

Me habría gustado ilustrar todo esto con alguna foto, pero al parecer en los archivos familiares no hay registro alguno de estos hechos. Conociendo como conozco el funcionamiento de mi red neuronal, quizá debería sospechar de la existencia pasada de todos estos hechos. Pero no, la explicación más sencilla y por tanto la real según Occam (“Entia non sunt multiplicanda praeter necessitatem”) es que, como ahora descubro, soy un ser humano analógico. Los hay digitales, que cuentan con registro completo de su vida en ceros y unos. Yo tengo la suerte de tener inmensas lagunas en la memoria y los registros. Lagunas que puedo llenar a mi gusto con fábulas fantásticas en tonos azul y rojo.

Qué magos son los reyes magos

Informándome sobre el asunto, me ha sorprendido leer que en Argentina también se practica la noche de reyes. Pensándolo mejor, no es tan llamativo si, como dicen, abundan por allí los gallegos. Si eran gente lista, a parte de las meigas fritas se llevarían para allá esta sana costumbre. Yo pensaba que era una tradición netamente española (como las uvas de fin de año) pero al parecer es algo que está extendido por todos lo países con tradición católica. Siendo así, me ahorro las explicaciones que traía preparadas, ya todos sabemos de qué hablamos.

Los evangelios nos hablan de unos astrónomos u hombres de ciencia que vinieron a ofrecer al niño Jesús oro, incienso y mirra. Nada sabemos de en qué invirtió este oro la Sagrada Familia, pero sí podemos suponer que el incienso lo quemaron de inmediato para apaciguar el olor a establo. La mirra, teniendo en cuenta que es una “gomorresina en forma de lágrimas, amarga, aromática, roja, semitransparente, frágil y brillante en su estructura” pues vete tú a saber en qué la emplearon: quizá de adorno, quizá en un potaje.

Reyes magos. San Apollinare Nuovo

Sobre esta narración evangélica el mundo cristiano forma la leyenda de los Reyes Magos. Según los estudiosos, en el siglo III se dio por sentado que eran tres (seguramente basándose en la “treseidad” de los regalos) y en el siglo V se les concedió el estatus monárquico. La primera vez que aparecen reflejados con los nombres con que los conocemos es en el friso de mosaico que corre a lo largo de la nave central de San Apolinar Nuovo, en Rávena (las tres figuras de gorro rojo en la foto, perdonad el encuadre pero cuando tiré la foto no tenía en mente hablar de ellos) En torno al siglo décimo se extendió la creencia de que eran sacerdotes persas aunque tuvo más éxito la teoría de la procedencia interracial, según la cual Melchor era el representante de Europa, Gaspar el sionista de origen asiático, y Baltasar el africano. No obstante, Baltasar no pasó a ser negro hasta el siglo XVI. He estado especulando con la idea de que Baltasar sea un antecesor de Michael Jackson. Visto así, si su tatarataratabuelo pudo ennegrecer, lo de Miguelito no es un blanqueo sino la simple activación de un gen regresivo gracias al cual ha vuelto a sus orígenes.

La fiesta en sí, empezó a celebrarse en el siglo tercero en la comunidad cristiana oriental de Constantinopla (los que quieran a Woody Allen que entren en trance). Existía en esa fecha la fiesta pagana del nacimiento de Aion, deidad relacionada con el Sol y el tiempo, y para más inri, nacido de una virgen (Kore). Un cómputo erróneo situaba el solsticio de invierno en este día. La celebración se extendió a occidente, pero en este caso se tomo el culto de Mitra como referente. El día 25 era la fecha del nacimiento de Mitra, divinidad solar que nació en una cueva y a quien los primeros en adorar fueron unos pastores (familiar, ¿verdad?). En este punto el cristianismo ha usado el mismo razonamiento que Google cuando compró Youtube: para qué te vas a molestar en montar una fiesta si ya hay una con la infraestructura bien organizadita de la que te puedes apropiar. Cuando se produjo la unificación de la fiesta de la Navidad entre las iglesias orientales y la romana, era evidente que no se podía abandonar la fiesta del día 6, por lo que se instituyo la Epifanía.

La costumbre de los regalos sin embargo no surgió hasta mediados del siglo XIX. Se pretendía hacer frente a la tradición pseudopagana de San Nicolás. Este fue obispo en Mira (Turquía) conocido por su generosidad. De esta figura deriva el Santa Claus o Papa Noel.

Según los cánones la noche del día cinco hay que irse pronto a la cama. Dejar preparado unos vasitos de coñac o dulces para los reyes y forraje o agua para los camellos. Siempre me ha asombrado la capacidad de absorción etílica de sus majestades, así como la potomanía de las cabalgaduras, suponiendo que todo el mundo les dejase preparado el tentempié y que ellos por no hacer el feo se verían obligados a tomarlo (luego está la versión light donde el coñac se sustituye por leche, pero aún así… ¡que barbaridad de litros!). El día seis muy temprano hay que levantarse a abrir los regalos. En mi casa siempre ha sido mi padre el primero en levantarse (y levantarnos a todos ya que es algo que hay que hacer en familia) para abrir los regalos, demostrando así que en el fondo es el más niño de todos pese a las canas.

Y ahora sucumbo a la presión ejercida por “alguien que yo me sé” para que dé una lista de libros que no me importaría encontrar el día seis envueltos en papel de regalo:

– “El alma está en el cerebro. Radiografía de la máquina de pensar”. Eduardo Punset.
– “Introducción a la antropología”. Marvin Harris. Alianza Editorial
– “Mira por dónde. Autobiografía razonada”. Fernando Savater.
– “Perdonadme ortodoxos”. Fernando Savater
– “Introducción a la mitología griega”. Carlos García Gual. Alianza editorial.
– “Ciberiada”, Stanislaw Lem. Alianza Editorial (en la ed de bolsillo, la moradita porfa)
– “Relatos del piloto Pirx”. Stanislaw Lem. Alianza Editorial (idem)
– “Historia visual del mundo”. Ed. Parragon
– “El universo elegante: supercuerdas, dimensiones ocultas y la búsqueda de una teoría”. Brian Greene
– “La condición humana actual”. Erich Fromm.
– “chocolates, huesitos y demás delicias”… vale, esto no es un libro, pero es de lo más importante.

¡¡Tachán!!

Es que uno no sabe cómo arrancar estas cosas. No parece adecuado empezar a hablar así por las buenas del hábitat de la marsopa asiática o de las calorías que encierra una galleta campurriana. Así que he estado pensando cómo empezar esto de publicar el blog y se me han ocurrido varias opciones:

1.- Subir al escenario y hacer una reverencia, momento en el cual se me caerá la chistera dejando al descubierto tres palomas, un conejo albino y… ¡sí, una marsopa asiática!
2.- Llegar silbando como al disimulo, girar a la izquierda, luego a la derecha, tres más a la izquierda y… abrir la caja fuerte. ¡vaya, no hay nada! Fracaso total. Ya que estoy aquí me pone un cortado y un croissant. Gracias.
3.- Entrar exultante de entusiasmo, hablando a gritos: “¡Cómo están ustedes?”. Contar un chiste de leperos, otro de esos de “van tres: un francés, un inglés y un español…”. Luego hacer un caniche con un globo alargado de color rojo.
4.- Acercarme por la alfombra roja hasta el atril, sacudirme las partículas de polvo del traje. Saco el discurso inaugural de un bolsillo secreto de la chaqueta. Doscientos folios mecanografiados. Cuando acabo el limpiador nocturno me invita a un café.

La verdad es que no es nada fácil, así que voy a optar por algo más cercano, más espontaneo en cierto modo, y según dicen, que nunca falla: “el tachán”. Pues sí, ahí va:

Con todos ustedes: “Marte Rojo”. ¡¡¡Tachaaaaán!!!