Asunto substancial
En otro orden de cosas el subsecretario de la subsección segunda del organismo subsidiario para la lucha contra la sublevación en submarinos, ha dado en fechas recientes un sublime mitin en el que, subliminalmente, se avisaba de las repercusiones que la atrofia submaxilar en los suboficiales de navio pueden llegar a tener sobre los motores de propulsión subacuatica. Si bien se ha querido subrayar que la posición del gobierno subsahariano se vería penosamente menoscabada de cara a sus súbditos, no ha pasado por alto a la comunidad internacional el modo en que subrepticiamente se ha introducido la cuestión en el orden del día. “¡Nos toma por subnormales!” exclamaba el presidente del subcomité momentos antes de subrogar a la subcontrata encargada del catering. Por fortuna al final se pudo subsanar la cuestión y subsiguientemente el enfrentamiento fue evitado. A día de hoy, de subsistir algún conato de rebelión sería fácilmente soslayable mediante la substitución del siguiente eslabón en la cadena de mando, sin olvidar las substanciosas recompensas para quien delate maniobras subversivas. No hace mucho que se hallaron importantes documentos en el subsuelo de la cámara de juntas, en cuyos subterráneos quiso el comité esconder los papeles incriminatorios, cosa que habrían logrado de no toparse con las vías del suburbano que une el centro con los suburbios. Cuando fue acusado de ocultación, el capitán (por añadidura subcampeón de danza submarina) quiso evadir sus responsabilidades con el argumento de que le habían controlado el subconsciente mediante una inyección subcutánea. No tardó el subdelegado en subestimar estas declaraciones desviando la conversación al mal estado del subfusil del cabo segundo. Queda por tanto demostrado que el responsable subsidiario, toda vez que el subinspector resultó ser un subjetivista redomado, no era otro que el subprefecto, que es después de todo un subproducto de la jerarquía.
