Diario de un bosón. 11

8 de Agosto de 2007

Se ha corrido el rumor de que han visto taquiones en los alrededores. La gente está muy alterada, y no es para menos. Si un taquión choca contigo te puedes dar por frito y ni siquiera te enterarás. Los taquiones van a más velocidad incluso que la de la luz, lo que ha decir verdad, es teóricamente imposible. Por eso algunos listillos que han tenido la suerte de no encontrarse nunca con ellos, dicen que lo de los taquiones es un cuento de brujas para asustar a los leptones más jóvenes. Pero el caso es que, como las meigas, existir no existen, pero haberlos, haylos. Lo del imposible en un mundo cuántico ya se sabe que es solo una forma de hablar.

Lo que pasa es que aparecen tan de vez en cuando que siempre la gente se olvida y luego cuando de repente llega una lluvia de taquiones, cunde el pánico. De todas formas la probabilidad de que una partícula infinitesimal como un taquión choque con otra igualmente diminuta, es ínfima. Pero alguna vez ocurre, y al que le toca…

Nadie ha hablado nunca con un taquión, van tan rápido que más que verles, se les siente. Supongo que para ellos tampoco será agradable chocarse con alguien, si pudiésemos comunicarnos seguramente podríamos solucionar esta desagradable situación, yo que sé, habilitar caminos exclusivos para ellos por donde no vaya nadie más o algo así.

Por si acaso hoy no salgo de casa.

Diario de un bosón. 10

30 de Julio de 2007

He hablado con Gilda y le he estado contando lo de hoy en el trabajo. Me encanta cuando consigo que se ría, aunque sea desde tan lejos. A ver si un día de estos me paso a visitarla, hace una eternidad que no nos vemos y después de todo solo está a cuatro mil años luz de aquí.

Como le he contado a ella, estábamos un grupo en el acelerador tomándole el pelo a los doctores. Nos habían lanzado en dos electrones como siempre, con la esperanza de que chocásemos y se reventasen los electrones para poder estudiarnos por separado. Pero esta vez nos pusimos de acuerdo y cada vez que los electrones se cruzaban en el pasadizo anular del acelerador, nos colocábamos todos en el mismo lado del electrón para desviarlo un poco de su rumbo y evitar la colisión. Llevábamos ya cinco horas girando en el acelerador y nos lo estábamos pasando pipa. Los doctores estaban de los nervios sin comprender por qué hoy tardaba tanto en ocurrir la colisión, y el doctor Walter a esas alturas se empezaba a arrancar los pelos a puñados. Gilda me ha contado que no es de extrañar, que al parecer cada segundo de funcionamiento del acelerador les cuesta una fortuna en energía, pero después de tantas colisiones a alta velocidad creo que tenemos derecho a un poco de diversión, digo yo.

Llegado un momento, nos empezó a aburrir la maniobra y comenzamos a hacer variaciones. Unas veces corriamos todos por el ecuador del electrón a la vez provocando un desplazamiento ondulatorio de este. Otras, nos apretujábamos todos en un punto y dábamos saltos al unísono provocando desplazamientos rítmicos en él. Y otras muchas cosas más, ha sido muy divertido. Después de estas travesuras, los doctores estaban boquiabiertos por los “extraños comportamientos en la trayectoria” de nuestro electrón. Piensan que han descubierto algo muy singular. Pues sí, digo yo: que las partículas también nos merecemos un día de relax. Así que al final todos contentos. Nosotros nos hemos divertido y ellos tienen sus “datos nunca antes observados”.

Diario de un bosón. 09

22 de Julio de 2007

Hoy estoy muy frustrado.

Estaba esperando en la estación para coger un rayo cósmico hacia la estrella BK-5291, en las Perseidas, para ir a visitar a un buen amigo que me ha invitado a pasar unos días en su nueva casa. Hace poco consiguió un trabajo en un laboratorio de estudios avanzados y se ha hecho un chalet todo él de materia oscura. Me parece un poco opulento, pero el es así, impulsivo, y con ese trabajo se lo puede permitir. Es un trabajo peligroso, hay que decirlo. La especie que ha construido el laboratorio aún no está muy avanzada y en cualquier descuido pueden colapsar su estrella en un agujero negro que se trague todo en veinte unidades astronómicas a la redonda. Todo: planetas, satélites, y hasta partículas elementales. No me ha pasado nunca, pero verte atrapado en un agujero negro no debe ser muy agradable. La gravedad es tan alta que llegar hasta la nevera para servirte una copa de vino tinto supone trescientos años de duro esfuerzo. No puede salir ninguna señal, por lo que no puedes telefonear a nadie, y el espacio tiempo se abomba tanto que si te descuidas puedes encontrarte a ti mismo un millón de años más joven. Lo único que puedes hacer es esperar pacientemente unos tres trillones de años hasta que se forme por casualidad un agujero de gusano que te permita salir de allí.

Bueno, pero no nos pongamos melodramáticos, no tiene por qué pasar, y a mi desde luego no, porque cuando por fin llegó mi turno de subir al rayo cósmico de las Perseidas apareció un grupo de Boy Scauts muones, lo menos treinta de ellos y ocuparon todas las plazas libres. Los muones siempre tienen prioridad en los rayos cósmicos. Y yo no tendré más días libres para ir a las Perseidas, me tendré que conformar con las fotos.

Diario de un bosón. 08

15 de Abril de 2008

Hoy me he estado acordando mucho de los Fermiones. Gilda y yo hemos estado hablando y riéndonos de lo lindo a su costa. No deberíamos hacerlo, claro, pero con estos tipos es difícil resistirse.

Los fermiones son incapaces de dejar de cumplir el Principio de exclusión, es decir, que dos fermiones no pueden ocupar a la vez el mismo estado cuántico. ¿Y eso qué quiere decir? ¡Yo que sé! Que uno sea una partícula elemental no quiere decir que comprenda lo más mínimo todo este galimatías de la cuántica. Simplemente, vives con ello. Lo que sí sé es que si te acercas mucho a un fermión sin que se dé cuenta y te pones en su mismo estado cuántico, se aterrorizan y ponen las muecas más grotescas y cómicas que he visto en mi vida.

Es un pasatiempo común alterar a los fermiones con estos juegos. Después de reirnos un rato, a Gilda le han entrado remordimientos y me ha dicho muy seria que no debería hacer esas cosas. Sí, puede que sea un poco cruel, pero hay tan pocas diversiones genuinas por aquí… Además, no deberían tomarse tan a la tremenda los estados cuánticos. Qué culpa tengo de que sean unos hipocondríacos.

Diario de un bosón. 06

28 de Febrero de 2008

Esto es intolerable. Estoy pensando en cambiar de Galaxia, y lo lamento de veras, porque le he cogido cariño al barrio, y las vistas al acelerador le daba un aire sofisticado a las ventanas del dormitorio. Pero hay ciertas cosas que uno no tiene porqué aguantar.

Desde hace unos meses han estado experimentando con la teletransportación de partículas subatómicas. Están realmente admirados de que podamos saltar en tiempo cero de un lugar a otro. Yo sinceramente, no veo a qué tanto alboroto con algo que se ha hecho así desde que el mundo es mundo, pero los doctores son a veces criaturas desconcertantes. A veces pasan meses contemplando embobados un fotón y de repente empiezan a gritarse unos a otros: “¡cerraron el grifo chicos!” y ya no vuelven a tocar el asunto. De todas formas nunca van a conseguir que un iluminado les diga nada. Es empeño vano.

Pero una cosa es transportarse uno porque quiere, cosa que aun así no resulta en absoluto agradable, y otra es que estes tan tranquilo viendo una película y… ¡FLOP! te veas de repente en medio del Serengeti rodeado de ñues y con ese mareo de estómago que dejan siempre los saltos en el espacio.

Yo no sé si lo hacen a posta o es por pura casualidad, pero siempre me transportan en el momento más inoportuno. Ya podían hacerlo cuando te traen la cuente en un restaurante, o cuando le toca a uno bajar la basura a la calle. Pero no, siempre en el momento más inconveniente. Hace unos días conocí a una antipartícula de materia oscura. No podía creer en mi suerte, la chica era espectacular y a esta gente no se la suele encontrar uno muy a menudo. Dicen que no se les llama antiparticulas por casualidad, pero yo estaba dispuesto a arriesgarme para averiguar cómo de oscura podía llegar a ser. Le conté un par de chistes malos y le invité a un trago. No había ella acabado de decir “en tu casa o en la mía” cuando… ¡FLOP! “en tu casa por supuesto” le estaba diciendo yo a un fermión seboso a los pies del Kilimanjaro.

Algunas veces pienso que es un experimento psicológico de los doctores. Intentan tocarme las narices para ver hasta dónde puedo aguantar. Si no, no me explico por qué me hacen esto.

Diario de un bosón. 05

1 de junio de 1987

Ayer el Doctor Walter estuvo a punto de cazarme. Habían hecho la habitual maniobra de choque en el acelerador otra vez. Que tu electrón salte por los aires tiene algo de emocionante, pero a veces la colisión da un dolor de cabeza que no se va en varios días. Desde hace algún tiempo algunas partículas han estado probando cascos en los choques, pero a mi sinceramente, me parece que tienen una pinta ridícula. Si uno de los doctores les descubre con esa pinta… a mi me daría mucha vergüenza.

Pero en el choque de ayer las cosas se complicaron. A un leptón muy joven y sin experiencia le entró el pánico y se me agarró como un poseído. En ese momento el doctor Walter creyó vernos y se acercó para investigar más de cerca. A toda prisa me escondí detrás de la taza de té del doctor, pero llevaba agarrado al estúpido Leptón que no paraba de gritar, temblar y girar sobre su eje a una velocidad de setecientas mil revoluciones por segundo. No he visto nunca a una partícula tan fuera de sí. Estaba claro que si el Leptón seguía así, el doctor acabaría por descubrirnos. De repente vi pasar sobre nosotros un átomo de Tungsteno ionizado con un protón medio vacio. Sin pensarlo dos veces agarré al Leptón y lo lancé contra el protón incrustándolo entre dos hadrones que aún se estarán preguntando de dónde les vino ese incómodo vecino.
He telefoneado a Gilda para contárselo y me ha dicho que no comprende por qué me empeño en vivir cerca del acelerador. Yo tampoco lo comprendo, será algún afán autodestructivo o simplemente que me va la vida al límite.

Diario de un bosón. 03

7 de Noviembre de 1977

Definitivamente no soporto a los muones. Me tienen podrido con esos aires de superioridad, y todo porque viajan en los rayos cósmicos. ¿y quién quiere mover el culo a velocidades cercanas a la de la luz? De qué sirve ir tan rápido si no puedes ni ver el paisaje. Seguro que esos cabeza hueca atravesarían la Nebulosa de Orion sin hacer siquiera una foto.

Hoy uno de esos estúpidos ha chocado con mi electrón. Estaba acabando una partida de poker con un grupo de quarks a los que estaba desplumando. No había tenido nunca una racha tan buena, y no es solo porque tuviese 12 ases y 14 comodines escondidos bajo el asiento. Y entonces llegó ese descerebrado muón. No le vimos venir, lo reventó todo y los quarks aprobecharon la confusión para recoger el dinero que les había ganado y largarse.

Diario de un bosón. 02

15 de Agosto de 2007

Hoy he tenido un día algo movidito. Han hecho un experimento lanzando dos electrones a gran velocidad por el acelerador de partículas. Dieron unos tres millones de vueltas en el anillo del acelerador hasta que acabaron chocando. Los doctores se empeñan en hacer cosas como esta muy a menudo. Ya estamos acostumbrados y hasta tenemos protocolos de actuación. En cuanto se produce el choque y nos vemos liberados, todos tenemos que correr a refugiarnos en el primer átomo que veamos. Así perdí a mi primera novia, una partícula alfa con un espín muy sexy que se metió en el protón de un átomo de Manganeso. Yo me refugié en uno de Wolframio. No la volví a ver.

Me voy por las ramas. Nuestros electrones chocaron y ¡ZAS! volamos por todas partes… Enseguida vi pasar un átomo de Hidrógeno y corrí hacia el a toda prisa, porque estos átomos son los más pequeños y se llenan enseguida. Pero de repente ví por la ventanilla del acelerador al técnico de mantenimiento. Estaba haciendo algo raro con un terminal que me despertó la curiosidad y me acerqué a echar un vistazo. Sali fuera del acelerador pasando con cuidado por los espacios interatómicos de las paredes y me acerqué por su espalda. Estaba urgando en una placa de circuitos alumbrándose con una linterna (siempre que hacen un choque en el acelerador se les funde algún que otro sistema) y no sé si me oyo o fué puro azar, pero se dió la vuelta y dirigió el haz de la linterna justo hacia donde yo estaba. En una millonésima de segundo varios millones de fotones se abalanzaron sobre mí con esa cara de éxtasis que llevan siempre. Creo que no me han hecho tantos moratones en mi vida.

Nunca comprenderé a los fotones. Son los más rápidos que se conocen pero van siempre sin fijarse hacia donde se dirigen, como idos. Siempre hacia adelante, chocan con algún átomo y cambian de dirección hasta chocar con algún otro. Dicen que son unos iluminados, pero yo pienso que van todo el día colocados.

Nota del A.: cotinuará…

Diario de un bosón. 01

7 de Julio de 2007

Soy un Bosón de Higgs.

O así es como me llaman desde que aquel hombre, Peter Higgs, llegó un día de 1964 al laboratorio diciendo que me había “supuesto”. Creen que es debido a mi existencia el que las partículas elementales tengan masa. Pobres criaturas, no saben ni de lo que hablan, no saben ni lo que es la masa. Hoy he consultado una de sus enciclopedias virtuales y decían que la masa era algo para hacer pan y magdalenas. Siempre pensé que el Doctor Higgs era uno de sus importantes sabios, pero al parecer es solamente un cocinero.

He decidido empezar este diario para intentar ordenar mis pensamientos y ver si así logro encontrar algo de sentido a este mundo absurdo. A veces envidio a los planetas, a veces me gustaría vivir bajo la ley de gravitación universal. Con ella uno sabe siempre lo que hacer simplemente con conocer tu masa y la distancia que te separa de los demás. Pero aquí, en la cuántica, uno nunca sabe a qué atenerse. Una cosa es cierta: si eres una partícula subatómica, nunca te aburrirás.

Nota del A.: continuará…

Las horas muertas

( … 21:57 … )

Se arrodilló junto a la losa, pesada y fría (que son adjetivos de losa). Los pies pequeños y descalzos, el vestido blanco de incógnito. El pelo suelto, desmadejado por un viento racheado que le hizo sentir por un momento feliz. Es maravilloso cuando por casualidad, el clima enfatiza tus sentimientos. Sobre la tumba flotaban aún las lágrimas, los rezos, los “tan joven”, “la vida es así”, “¿quién lo habría pensado?” y hasta algún susurrado “fíjate, faltaban dos minutos y el árbitro señaló penalti”.

( … 21:58 … )

Las sombras ya eran alargadas hacía tiempo, y por momentos se empezaban a diluir en el azul oscuro de la primera noche. No había nadie cerca, ningún sonido salvo el ruido de las hojas de los cipreses. Ese silencio es el que necesitaba. Por buscarlo había planeado todo a estas horas en las que ningún vivo querría encontrarse en el territorio de los muertos.

( … 21:59 … )

Un par de tumbas más allá un gato atigrado bostezaba sobre la piedra de granito de otra sepultura.

( … 22:00 … )

Aguzó el oído cuando creyó escuchar el sonido. En un momento en que el viento hizo una pausa, identificó perfectamente el insistente pitido de la alarma del reloj. El último mensaje, un último momento de comunicación con ese cuerpo frío que yacía a dos metros bajo tierra, vivo otra vez durante la fracción de segundo que iba entre que su mente reconociese el sonido y que recordase que ella misma había programado la alarma para esta hora.

( … 22:01 … )

Se levantó con prisa, con decisión y el vestido blanco manchado de tierra. Mientras sorteaba las cruces hacia la puerta trasera del cementerio, se preguntó cuántos meses seguirían las manecillas girando en torno a la muñeca cada vez más delgada. Cuánto la alarma sonando cada noche a las diez. El gato aovillándose con pereza infinita, se preguntaba hasta cuándo tendría que soportar ese agudo, molesto pitido.

Nota del A.: entrada sintonizada con Té con leche > Duda

Puerta trasera

Puerta Trasera

La puerta de atrás es debilidad,
porque casa con dos puertas,
mala es de guardar.

Pero además de ser punto débil, es mavillosamente lábil. Es atajo, por el que el dueño acorta camino cuando quiere llevar un pesado bulto lo más prontamente a su destino. Es hueco umbrío, por donde el criminal saca otro bulto, pesado también, para arrastrarlo con disimulo hasta el maletero del coche. Es subterfugio, para entrar en la casa esquivando la molesta visita que espera en el salón, y subir de puntillas escaleras arriba hasta el desván, refugio de cachivaches y melancolías. Es puerta cómplice, por la que regresan a casa a deshoras el borracho, el infiel y el adolescente. Es salvación, cuando perdida la llave recuerdas que has dejado la de atrás abierta. Vía de escape cuando suena el megáfono, “¡salgan todos, están rodeados!”. Es entrometida, cuando el amante desliza bajo su mirada los últimos besos en su umbral, antes de perderse en las sombras de la noche. Es ¡al fin! cuando el empleado cierra la tienda tras una larga jornada. Y es ¡hola! cuando la dejas abierta y un gato color aceituna se cuela a saludarte.

Si alguna vez me hago una casa a medida, puertas, solo tendrá la de atrás.

Frontera

de profundis
(fotograma de De Profundis)

La gente de tierra mira hacia el mar y dice “mira, la línea del horizonte”.
Los marineros miran a lo lejos y dicen, “mira la línea del horizonte. Amenaza tormenta”

Qué sabrán ellos.

Qué sabrán ellos que no sepa el ahogado. Cuando el marinero se convierte en ahogado comprende rápidamente que ha vivido en el engaño, que no existe esa línea, nunca ha existido. Solo el plano oscilante de la superficie, el límite, la frontera entre el aire y el agua, la vida y el vientre de la ballena.

Cuando llegas a esa frontera, la cabeza al aire y el cuerpo en el agua, el límite es preciso y la lucha por situarse a uno u otro lado imperiosa. El trámite de aduanas es largo, es agonía. Es vértigo. El vértigo de la caída hacia abajo, de la línea vertical que se ha de recorrer a plomo cuando los pulmones acaben por llenarse de agua, cuando Newton acabe por vencer a Arquímedes.

Solo entonces, en el último momento que no es de claridad como se dice, sino de máxima confusión, descubre el ahogado que no hay agua, sino otro aire. Que no hay peces, sino otras aves. Que la lastima no es ahogarse, sino no haber aprendido a respirar otro tipo de atmósfera.

(inspirado en de Profundis de Miguelanxo Prado)