Variaciones de 4 elementos tomados de 4 en 4 en un día de lluvia.

me jode que llueva cuando tiendo la ropa
me jode que llueva cuando arropo la tienda
me jode que arrope la lluvia cuando tiendo
me jode que arrope la tienda cuando llueve
me jode que tienda cuando llueve la ropa
me jode que tienda cuando la ropa llueve

me llueve que jode cuando la ropa tiendo
me llueve que jode cuando tiendo la ropa
me llueve que tiendo cuando arropo la joda
me llueve que tiendo cuando la joda arropo
me llueve que arrope la tienda cuando jodo
me llueve que arrope la joda cuando tiendo

me tiende que joda la ropa cuando llueve
me tiende que joda la lluvia cuando arropo
me tiende que llueva la ropa cuando jodo
me tiende que llueva la joda cuando arropo
me tiende que arrope la lluvia cuando jodo
me tiende que arrope la joda cuando llueve

me arropa que joda la lluvia cuando tiendo
me arropa que joda la tienda cuando llueve
me arropa que llueva la tienda cuando jodo
me arropa que llueva la joda cuando tiendo
me arropa que tienda la lluvia cuando jodo
me arropa que tienda la joda cuando lluevo

Contradicciones con leche

Hoy en la cafetería de una facultad de cuyo nombre no quiero acordarme he pedido un “café solo con leche”.

La camarera no era muy comprensiva, me ha mirado imperturbable, pero yo sé que estaba pensando “el subnormal de las 10.30″
– ¿”solo” “con leche”?

Le habría explicado que mis contradicciones internas me hacen cosas así antes del café, pero luego he pensado que iba a empeorar las cosas llevando el café al terreno del psicoanálisis y me he corregido:
– Con leche fría.

Al final me lo ha puesto con mala leche y dos de azucar.

Nota del A.: una anécdota personal, si ustedes me permiten. No volverá a suceder.

Reflexiones I

-La aparición del hombre sobre la tierra ¿inevitable o casual?

Si nos situamos en una postura creacionista podríamos decir que es inevitable puesto que es un suceso cierto ya acaecido y verificado, y no le concedemos al dios eterno, intemporal (acto puro) la capacidad de cambiar de opinión. Pero así entre nosotros, quien sabe por qué casualidad un buen día se levanto con espíritu creativo en lugar de autocontemplativo. Quizá un mal sueño, o la frustración de quemar las lentejas cuando preparaba la comida… de ser así, estremece pensar que si Dios hubiese tenido un robot de cocina Chef 2000, la humanidad podría no haber sido creada.

Enfocándolo desde un punto de vista lingüístico y posthistórico (de hechos consumados), definiendo como Tierra “el planeta de origen de la especie humana”… entonces, sí, es inevitable de necesidad. Por definición.
.
Pero me pongo es un plano científico, más de andar por la tierra, que no es que mirar al cielo sea malo, solo que da tortícolis y las farolas no avisan cuando se te ponen delante durante un paseo. Pues con esta premisa no creo que se pueda tomar partido por una u otra opción. Parece que es una cuestión de estadística. Lo primero de todo es tomar conciencia de lo inconmensurable que es el Universo, tanto que realmente es misión imposible tomar conciencia de ello. Podemos hacer buenas aproximaciones de la mano de Sagan (cómo no). Pero bástenos con las palabras de un conocido científico conquense quien, ante la pregunta de cómo de grande era el Universo, contesto con un lacónico: “muchismo”. De hecho, ni siquiera podemos concebir la ingente cantidad de estrellas que nos acompañan en la Vía Láctea, que es solo una entre la legión de galaxias igualmente atestadas que pululan por las esferas cósmicas. Y los planetas, solo en nuestra galaxia, se cuentan por billones. Otro medio de aproximación al conocimiento, menos metodológico pero quizá tan efectivo como el que más, es echar un vistazo a la M-30 un lunes en hora punta. Hay magnitudes que la mente humana no está preparada para percibir.

Por otro lado, consideremos que hace tan solo una década, la vida era considerada una extrañeza sumamente improbable de encontrar en algún otro lugar que no fuese nuestra Tierra. Se glosaban para ilustrar este asunto toda una serie de casualidades a cual más improbable, todas ellas im-pres-cin-di-bles para que de la coctelera saliese no solo un ser racional capaz de preguntarse sobre la necesidad de su existencia, sino también la más ínfima vida unicelular de la que teníamos noticia. Todas estas innumerables improbabilidades se habían concentrado contra toda ley estadística en un único esferoide de roca para dar lugar a la orgía de vida de la que (evolución mediante) henos aquí en los albores de la sociedad de la información. En definitiva, concluíamos, tan improbable cúmulo de casualidades no se pueden repetir por ahí, no me vengan ustedes con que hay muchas estrellas y planetas. No, no y no.
Sin embargo hoy sabemos que la vida no es tan improbable como antes creíamos. Que todas esas premisas que le habíamos impuesto a la vida para suceder, eran erróneas. Que no solo la vida aparece con una tenacidad inusitada donde antes la creíamos imposible, sino también que existen tipos de vida que antes considerábamos imposibles, creyendo (erróneamente) que toda vida tenía que basarse en el abc del carbono a nuestra imagen y semejanza. Un pecado de vanidad, quizá. Los extremófilos hallados en las bocas volcánicas de los lechos oceánicos, los organismos encontrados en ecosistemas cerrados cuya vida no se basa en el carbono, o los microorganismos llovidos del cielo a bordo de meteoritos, nos aleccionan en la idea de que la vida no solo no es una rara avis en el cosmos inorgánico, sino que a poco que miremos nos vamos a encontrar con ella, eso sí, en formas unicelulares y poco más. Cabe preguntarse ante estos descubrimientos si es de justicia aplicar el prinicipio antrópico a la hora de interrogar al cosmos, cuando ya en nuestro insignificante terruño encontramos excepciones a la regla del carbono.

Parece que me voy por las ramas, pero ya mismo sintetizo:
Si unimos el hecho de las inconmensurables magnitudes de estrellas y planetas que abarrotan el cosmos, con el conocimiento de la frecuencia más que estimable con que la vida surge en los entornos variados y con estructuras químicas variadas… y haciendo uso de la elemental ciencia estadística, o incluso por qué no, del sentido común a ojímetro, es fácil concluir que era inevitable que acabásemos brotando aquí o allá. Por otro lado, para que ese brotar del ser racional se diese a partir de la vida unicelular, tuvieron también que darse no pocas casualidades evolutivas y en muchos otros órdenes (geológicos, climáticos…) que en infinidad de sitios no concurrieron. Sin ir más lejos y al parecer, Marte sería uno de ellos, donde no hace mucho se han apreciado huellas de escorrentías de fluidos líquidos (probablemente agua). Fíjate, no ha habido que ir muy lejos en el vasto cosmos, ¡qué no habrá en el espacio insondable! Un suceso puede ser improbable a más no poder, pero cuando tanto va el cántaro a la fuente, es seguro que acabará rompiéndose. Pues eso, estadística.

En respuesta a la pregunta: era inevitable que se diese la casualidad.

Nota del A.: viene al hilo de conversaciones con Lucrecia, no la de Borgia, sino la otra.

Delicatessen – Vals de la sierra en el tejado

… y aquí concluye la serie Delicatessen [Jean-Pierre Jeunet, 1991, IMDb]. Esta canción para cello y sierra me parece de una belleza oxidada y estremecedora, como la película misma. Fotogramas oxidados para contarnos que el hombre puede ir más allá del instinto y las tripas vacias, siempre que pueda subirse a un tejado a mirar al horizonte y a alcanzarlo con las notas de un serrucho (aunque sea oxidado)

Otras películas del director:
La ciudad de los niños perdidos
Alien 4: resurrection
Amelie (o mucho mejor:Le Fabuleux destin d’Amélie Poulain)
Largo domingo de noviazgo

Multimedia.01 – El último hombre

Canción. Mastretta – El último habitante del planeta
Película. The Omega man
Libro. Richard Matheson – Soy leyenda

De la canción de Mastretta hay una versión instrumental realmente espectacular que no podéis dejar de oir. Se puede escuchar en la web www.mastretta.com accediendo a discografía (menú inferior), después a “DVD Mastretta en el Sol” (menú superior). Es un poco lenta al principio, pero una delicia para los oídos.

último hombre vivo
La película The Omega man (1971) o “El último hombre vivo” protagonizada por Charlton Heston, es un remake prematuro de “El último hombre sobre la tierra” (1964). Ambas basan su guion en el libro “Soy Leyenda” de Richard Matheson (publicado en 1958). Aunque pocos catalogan The Omega man más que como una película aceptable, en mi opinión merece el calificativo de sobresaliente, aunque eso sí, únicamente en sus primeros 15 minutos, los mismos que tarda el último hombre vivo en pasar a ser uno más de entre todo un elenco de personajes (¿pero no era el último?). Lo que el título y el inicio de la película prometen, mostrándonos las calles de una ciudad desierta que un hombre recorre a su antojo, registrando las casas una a una, cambiando de coche o ropa en las tiendas abandonadas, podrían dar lugar a un film execpcional si alguien se atreviese a rodarlo. Pero en Omega man, siguiendo el argumento del libro de Matheson, Neville resiste a diario a una horda de desfigurados subhumanos (vampiros en el libro) que se empeñan en acabar con el. La guerra nuclear entre China y la Unión Soviética acabó en guerra bacteriológica extendiendo un virus letal (se deja sentir La Guerra Fria coetánea a la película). Los pocos supervivientes quedaron desfigurados, albinos, fotofóbicos, y para colmo de males, con un trastorno de la conducta que les lleva a vestir un look muy fashion en tiempos de la inquisición. La Familia, que así se autodenominan estos mutantes, se han organizado en una congregación de tintes religiosos que rechaza todo tipo de ciencia y tecnología, pues la máquina ha dejado de servir al hombre para traerle la destrucción. Durante la noche recorren la ciudad borrando todo vestigio de la antigua sociedad, quemando cuadros, libros, y todo objeto tecnológico. Además, acosan al protagonista, el último hombre, quien representa al hombre viejo, el causante del apocalipsis. Acabar con el es cerrar el ciclo del hombre viejo para dar lugar al hombre nuevo, redimido por sus estigmas y deformidades. Cuando el ser humano se convierte en singular frente a los mutantes que son legión, cabe la pregunta de quién es el normal, de quién es el verdadero monstruo. Eso se reflexiona en una de las escenas claves en la que Mazias, el lider de la Familia, interroga a Neville, que representa al hombre de la ciencia, al hombre de la razón. Mazias es el hombre oscurantista, dogmático que acusa a la ciencia de todos los males que ha sufirdo la humanidad. Pero hay que plantearse si la ciencia y el saber tienen en si mismas un contenido moral, o la moralidad la aporta el hombre al hacer uso del saber. Son cosas muy manidas hoy día, pero es la pega que tienen resucitar a los clásicos.

Neville es el último hombre porque pudo inyectarse a tiempo una vacuna experimental en la que él mismo estaba trabajando. Durante el film se encuentra con un grupo de jóvenes humanos no contaminados, que vienen a diluir una vez más la potencia de la idea original (creo que ya lo he dicho, ¿pero no era el último?)

Se acercan remakes. Están rodando “I am legend” protagonizada por Will Smith [+]

Una película que es ya un clásico de la Ciencia ficción. Una película que puede dar de sí todo lo que el espectador esté dispuesto a poner de su parte. Los ingredientes están, pero puede verse como un divertimento estúpido, un experimento estético, o un camino para reflexionar sobre la humanidad, la tecnología, la biotecnología…

Selección de escenas:

El último hombre vivo [The Omega man, 1971 USA, Boris Sagal, IMDb, el Trailer]

Omegaman1

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Empirismo casero I. La inflamabilidad del Nesquick

(banda sonora oficial de esta entrada)

Hace unas semanas, y al hilo de una discusión sobre el famoso efecto mentos+cocacola [+] una amiga me envió un vídeo ilustrativo sobre otro efecto menos conocido: la inflamabilidad del colacao. En el se veía a un chaval escupiendo fuego por la boca, supuestamente generado con colacao como combustible. Aquí os enlazo otro vídeo similar [+] Al parecer la explicación científica tiene que ver con las grasas vegetales que contiene este (suculento) producto.

Me picó la curiosidad y me decidí a replicar el experimento, infundido del espíritu empírico que ha hecho avanzar a la ciencia en los últimos siglos. Sin embargo hice algunas variaciones en el experimento original. La primera modificación: nada de expulsar fuego por la boca. Cierto que es más espectacular, pero le tengo mucho aprecio a mi pelo y tengo entendido que chamuscado no huele muy bien. Además, es más científico un ensayo aséptico donde no me involucre personalmente, así los datos no se verán desvirtuados por las emociones. Otro motivo es el hecho constatable de que ningún producto elaborado del cacao que entre en mi boca, tiene ninguna posibilidad de volver a salir, sería un experimento destinado al fracaso per se. El argumento definitivo es ver la cara de nuestro amigo escupefuegos en el vídeo. No tengo claro de si su aparentemente bajo CI es causa o efecto de la exposición al colacao-ígneo, pero no tengo deseos de comprobarlo. Otra variación: usé Nesquick en lugar de Colacao. No por nada, es que es lo que tenía a mano. Esto invalida cualquier posibilidad de comparación entre ambos experimentos, pero a la vez abre un nuevo campo al parecer inexplorado acerca de la combustión del Nesquick. Medio mundo preocupado en lograr la fusión fría y no saben que la auténtica fuente de energía del futuro viene en botes adornados con un simpático conejillo de orejas largas.

Tras realizar el experimento en ambiente controlado las conclusiones son:
1- El nesquik no se quema en nubes explosivas, pero sí se chamusca (foto 1)
2- Si se insiste con la llama, el nesquik arde ligeramente un rato pero se extingue rápidamente (foto 2)
3- El nesquik chamuscado se acumula en gránulos negruzcos (foto de detalle 3)
4- El nesquik caramelizado huele que apesta
5- Me va a tocar fregar otra sartén.

nesquick ardiendo

Nota del A.: ¿alguien sabe que canción suena de fondo en el experimento del mentos y la cocacola?